Preso de sus esperanzas, el ingenuo corderito se dio cuenta que su capacidad de asombro se diluia a medida que se aferraba a ciertas expectativas.
Cuando el sable estuvo a punto de derramarle en el suelo la tibiesa que corria por sus venas, se atrevio a creer, sonriente, que la libertad llegaba inexorablemente con el ocaso de la ambicion.
Despojarse de los interrogantes insensatos de un futuro ciego, para encontrar la libertad en el desarraigo.
Se-Si-Bon & sus garras desafiladas.
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