domingo, 18 de abril de 2010

Secuencias Imaginarias de una Mente intrepida III - sin titulo - fin de la saga.

(sin titulo - 1999)
...
con ojos de luna llena
y lagrimas rojas a punto de estallar
escondida la certeza, perdida
poco a poco
en el fondo de alguna botella.
tus manos indomables
te palpan y te apuran,
pero esa moneda no se resiste
y se va buscando tu ilusion...
esa qe nunca perdiste
esa moneda, finalmente!
finalmente se escapo...
poco a poco se hizo polvo
poco a poco te abrazo
al fin una lagrima se suelta
pero en tu mente sigue alli.
poco a poco
la luz va cediendo
pero aun te esta cegando.
y cuando tus sueños se oscurecen,
ya no qeres ver
poco a poco
tu ilusion se pierde en cuentos
y solo te dejaste caer,
pero entre chirola y chirola
meta risa y cascabel
otro bolsillo aparece
y la ronda se forma otra vez.

ReyGaruffa, rescatando las memorias de aquellos comienzos.

Secuencias Imaginarias de una Mente intrepida II - Babel

Llego el momento en que la mente empezo a pasar en limpio lo que escuchaba desde el corazon, la conciencia, el subconciente, los numeros, y los amigos.
Llego el dia en que se volvio evidente el mensaje que en algun momento hasta pretendio pasar desapercibido disfrazado de cotidianeidad. "pero que tonto soy!" penso con mas pena que sinceridad en ese momento, mientras con el ultimo aliento intentaba calmar el alma herida. Alguna idea loca se desperto casi de repente, y resulto tan contundente en respuesta a sus interrogantes que tuvo la sensacion de dejar de respirar por un buen rato.
Se tomo su tiempo para repasar una historia tan hermosa, y le costo bastante dejar de sonreir mientras contemplaba sus milagros, a pesar de que el contexto no lo invitaba a la alegria sino mas bien a intentar entender algo que no cuadraba con la trama. Busco, recordo, revolvio, y finalmente pudo hilvanar una idea concreta de los ultimos 2 meses. Dialogos, situaciones, palabras, llamados, voces. "Que hay detras de todo este momento??..."
Fue entonces cuando se dio cuenta de que no importa como se dijese, ni que se interpretase en la respuesta. Ni tampoco importaba tanto la respuesta ni su carga sentimental y/o de sinceramiento. Solo importaba no hablar el mismo idioma con tal de evitar concluir en la verdad.
Asi, solito se fue caminando sabiendo que mirar hacia atras puede devolverle una lastimosa realidad.

ReyGaruffa, y el tormento de aprender a entender.

Secuencias Imaginarias de una Mente intrepida I - De la alegria y otros estigmas

Aquella tarde, mientras el soberano pensaba sigilosamente en como resolver su vida, una intensa lluvia lo arrinconaba y de tanto en tanto le aceleraba el pulso. La tormenta golpeaba furiosa contra los techos de la aldea mientras el barro se abria en enormes venas que se dibujaban con la violencia del agua derramada. El cielo espeso atesoraba como un gran miesterio la duracion de esa tormenta, y nadie alli se atrevio a intentar develar el secreto.
Cuando por fin se convencio, el soberano decidio que lo mejor era levantarse y a paso firme hacer las paces con el Señor. Exponerle sus motivos, y partir en busca de su propia suerte. Mientras avanzaba el corazon le latia desenfrenado, su pulso se volvio traicionero al tiempo que sus pasos se volvieron titubeantes.
Cuando por fin llego a donde queria, la lluvia era un grato recuerdo, y su espalda se encontraba plagada de miserias y latigazos.

ReyGaruffa, retomando el control de sus emociones.

Pequeños Ensayos III - Horacio, el vagabundo - fin de la saga -

Aquella noche, sentado en una calle oscura pero bastante transitada, en la antesala de una gran avenida, tuve la extraña sensacion de conocer a alguien que caminaba por la vereda de enfrente.
Mientras yo lo seguia con la mirada, aquel desconocido se deslizaba zigzagueante entre los tachos de basura, algun volquete mal ubicado, y unos cuantos canastos con sobras de algun comercio. Su ropa, su forma de caminar, su desdicha sin remedio en busca de un espejo mentiroso que le devuelva una ingenua esperanza, sus manos disfrazadas con guantes a medio camino. Me costo trabajo dejar de pensar en su suerte, y hasta me arranco cierta sensacion de culpabilidad. Decidi desviar mis conclusiones y mirar hacia otro lado, me perdi en el cielo e intente pensar en otra cosa. Mientras tanto, aquel hombre al que yo llamaria Horacio y cuya suerte yo solo me encargue de imaginar en una especie de pasatiempo, se perdio a lo lejos hasta diluirse entre los mortales.
Quizas no me haya visto, y quizas yo tampoco lo haya visto a el. Por lo que conclui que todo fue obra de la imaginacion que tan solo jugo un rato con lo que veo y lo que observo.

ReyGaruffa, y los embates de la reinvencion.

Pequeños Ensayos II - El cuarto de la felicidad

Pasadas las primeras horas de la madrugada, el hombre llego a su casa con la cruel apariencia del desenfreno a cuestas. Una botella a medio terminar lo acompñaba, agitada, de un lado a otro amacijada en su mano derecha, mientras con la izquierda descubria al tacto el camino de regreso a la madriguera.
“Que cosa extraña todo esto…” penso sonriente sin saber realmente si expresaba aquello que sentia, o si tan solo sentia aquello que no podria expresar. Penso eso y muchas otras cosas mas que jamas recordaria. Siguio como pudo, y luego de unos tropezones alcanzo a prender la luz del recinto. Sentado en la cama dejo caer la botella, y comenzo a desvestirse para luego incorporarse y, parado frente a un espejo plagado de recuerdos, volvio a preguntarse “…es que acaso jamas volvere a despertar…?”. Para ese entonces y sin saberlo, su vida se volvio una anécdota, después de escuchar en la mirada del espejo “no se trata tan solo de despertar sino de aprender de aquello que soñamos…”. Su vida se apago en un ultimo sorbo, en el que no solo se ahogaron sus lamentos.

ReyGaruffa, escuchando el canto de las sirenas de Odiseo.

Pequeños Ensayos I - El Tigre y el Alce

Con la resignación en su mirada, y un dejo de ironía por saberse en sus últimos suspiros, un viejo alce malherido pregunto a su sicario: “..dime querido tigre, hermano mío, como haz podido hacerme esto?...”. A lo que el tigre, de filosos colmillos y presencia intimidante contesto con una voz tan suave que puso en duda la autoria de tremenda desazón: “…viejo alce, perdona este desenlace. El instinto es la obra de la naturaleza, y nosotros tan solo somos sus hijos…Que mas puedo hacer yo que despedirte?...”
La noche despertó con la agonía de un llanto silencioso, y las lágrimas del alce cerraron sus ojos para siempre. Para ese entonces, la luna volvió a asomarse, y las sombras se escondieron en su bello resplandor.

ReyGaruffa, durante la madrugada.

Volviendo

He vuelto, tarde, de una noche de pandilla que inicio el viernes y parece encontrar su fin promediando los albores de un domingo que se anuncia nublado. Gris, desteñido. Tal como a mi me gusta, tormentoso y desarraigado. Cuando mis emociones se retoban, hacen estragos en mi mente. Y cuando la mente sufre, el cuerpo suplica.
Con la excuza de la catarsis, del reencuentro, de una busqueda hipnotica, del "necesito despejarme". Necesito encontrarme, y volver a encontrarlos. Encontrar los motivos que a uno lo hacen seguir vivo y atento a la vida. Con todo eso a cuestas, pude espirar que en la calle, aun la gente sigue circulando.
Viejos y queridos amigos, quizas de los mejores, me esperaron cada uno a su tiempo para atender mi esqueletica armonia, que se rompe en mil pedazos apenas mis ojos encuentran la oscuridad. Me pierdo, me alejo del cauce de mi destino y me tropiezo una y otra vez con la misma piedra, esa que me dice que debo correrla del camino y despejar la senda de mis vivencias. Entender que aun puedo respirar, que aun puedo levantarme cada mañana y encontrar una motivacion, que puedo no renunciar a mis deseos aunque estos se hayan vuelto singulares. Que puedo no ser desconfiado, y volver a creer.
Una noche oscura, donde no hay alcohol ni milonga. Una noche donde las emociones mas sinceras empezaron a decantar hasta volverse legibles. Y un nuevo amanecer, parece querer despertar. Quizas tan solo tenga que levantarme, para ir a buscarlo.

ReyGaruffa, amacijando latidos.