domingo, 18 de abril de 2010

Pequeños Ensayos III - Horacio, el vagabundo - fin de la saga -

Aquella noche, sentado en una calle oscura pero bastante transitada, en la antesala de una gran avenida, tuve la extraña sensacion de conocer a alguien que caminaba por la vereda de enfrente.
Mientras yo lo seguia con la mirada, aquel desconocido se deslizaba zigzagueante entre los tachos de basura, algun volquete mal ubicado, y unos cuantos canastos con sobras de algun comercio. Su ropa, su forma de caminar, su desdicha sin remedio en busca de un espejo mentiroso que le devuelva una ingenua esperanza, sus manos disfrazadas con guantes a medio camino. Me costo trabajo dejar de pensar en su suerte, y hasta me arranco cierta sensacion de culpabilidad. Decidi desviar mis conclusiones y mirar hacia otro lado, me perdi en el cielo e intente pensar en otra cosa. Mientras tanto, aquel hombre al que yo llamaria Horacio y cuya suerte yo solo me encargue de imaginar en una especie de pasatiempo, se perdio a lo lejos hasta diluirse entre los mortales.
Quizas no me haya visto, y quizas yo tampoco lo haya visto a el. Por lo que conclui que todo fue obra de la imaginacion que tan solo jugo un rato con lo que veo y lo que observo.

ReyGaruffa, y los embates de la reinvencion.

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