He vuelto, tarde, de una noche de pandilla que inicio el viernes y parece encontrar su fin promediando los albores de un domingo que se anuncia nublado. Gris, desteñido. Tal como a mi me gusta, tormentoso y desarraigado. Cuando mis emociones se retoban, hacen estragos en mi mente. Y cuando la mente sufre, el cuerpo suplica.
Con la excuza de la catarsis, del reencuentro, de una busqueda hipnotica, del "necesito despejarme". Necesito encontrarme, y volver a encontrarlos. Encontrar los motivos que a uno lo hacen seguir vivo y atento a la vida. Con todo eso a cuestas, pude espirar que en la calle, aun la gente sigue circulando.
Viejos y queridos amigos, quizas de los mejores, me esperaron cada uno a su tiempo para atender mi esqueletica armonia, que se rompe en mil pedazos apenas mis ojos encuentran la oscuridad. Me pierdo, me alejo del cauce de mi destino y me tropiezo una y otra vez con la misma piedra, esa que me dice que debo correrla del camino y despejar la senda de mis vivencias. Entender que aun puedo respirar, que aun puedo levantarme cada mañana y encontrar una motivacion, que puedo no renunciar a mis deseos aunque estos se hayan vuelto singulares. Que puedo no ser desconfiado, y volver a creer.
Una noche oscura, donde no hay alcohol ni milonga. Una noche donde las emociones mas sinceras empezaron a decantar hasta volverse legibles. Y un nuevo amanecer, parece querer despertar. Quizas tan solo tenga que levantarme, para ir a buscarlo.
ReyGaruffa, amacijando latidos.
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