Aquella tarde, mientras el soberano pensaba sigilosamente en como resolver su vida, una intensa lluvia lo arrinconaba y de tanto en tanto le aceleraba el pulso. La tormenta golpeaba furiosa contra los techos de la aldea mientras el barro se abria en enormes venas que se dibujaban con la violencia del agua derramada. El cielo espeso atesoraba como un gran miesterio la duracion de esa tormenta, y nadie alli se atrevio a intentar develar el secreto.
Cuando por fin se convencio, el soberano decidio que lo mejor era levantarse y a paso firme hacer las paces con el Señor. Exponerle sus motivos, y partir en busca de su propia suerte. Mientras avanzaba el corazon le latia desenfrenado, su pulso se volvio traicionero al tiempo que sus pasos se volvieron titubeantes.
Cuando por fin llego a donde queria, la lluvia era un grato recuerdo, y su espalda se encontraba plagada de miserias y latigazos.
ReyGaruffa, retomando el control de sus emociones.
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