Sabia que su camino estaba ya definido, y se declaro en andas de ese sendero. Seria escrita su leyenda en el atroz devenir del combate, o bien podria matarlo la misma frula. Su armagedon, agazapado en una imaginacion que seguia rumbeando sin control, desde hacia tiempo se le habia escapado de las manos. Asi el viejo guerrero miraba desconfiado a cada paso, con un escapulario siempre a mano y el azote preparado para salirse con la suya. El barrio hostil era su paraiso, no imaginaba algo mejor. Alli tenia su nombre tatuado en la proclama popular, y mas alla de aquel laberinto de charcos y paredes enceguecidas de recuerdos, no era mas que un alma desprotegida. En el medio del calor de los golpes se volvia de frio acero para renacer en cada noche y despertar entre las sombras del rencor que lo crio. Sin amigos, sin compinches, y con apenas unos cuantos golondrinas y malandras se hizo unos veranos para seguir tirando de la soga.
Pero el tiempo -ese que supuestamente todo lo cura- lo encontro un dia durmiendo y no tuvo piedad. Sigilosamente le marco la cara, y le destemplo los huesos. La nocion era un vano intento por encontrar donde pisar, y los placeres mundanos mostraron el doble filo del que tanto le habian hablado. El costado mas temible de lo que desconocia le hizo suplicar por una redencion tardia, hasta que desterro su delirio y se encontro con los tesoros que jamas imagino.
se-si-bon
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