Una murguita en mi cabeza, sono paciente toda la noche mientras al unisono alguien gritaba tu nombre.
Era el ritmo incansable del corazon, que a toda orquesta festejaba lo que los ojos saboreaban sin pestañar. No le quedo mas remedio a la razon, que darse una vuelta por cada esquina donde el candombe del amor desplego inclaudicable su parafarnalia.
Y asi abrazados, el amor, la razon, y los misterios, se fueron saltando por un callejon para perderse en el recuerdo de una noche de alcohol.
se-si-bon, y una noche cargada de conjeturas
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario