jueves, 30 de septiembre de 2010

Justo a tiempo

" En aquel polvoriento y lejano pueblo, olvidado de la buena del Señor, todo se resolvia a los tiros. Batirse a duelo era la practica comun que dirimia diferencias, y disolvia el dilema de la vida y la muerte, repartiendo la suerte en partes tan iguales como diferentes entre quienes se disponian a desenfundar a tiempo. Ni un instante antes, ni un instante despues, el pulso pretendia ser dueño del destino, y alimentaba la creencia de que cada cual era libre para seguir de pie y evitar el desplome. La muerte era algo asi como un premio sorpresa, nadie contaba lo que alli ocurria.

Aquel dia el joven pistolero, de incipiente barbilla y pantalones blancos con tachas y enormes botas a tono, desandaba el camino hacia el campo de batalla. En frente, mas tranquilo y sereno, el viejo zorro miraba al piso concentrado mientras con sus dedos acariciaba el martillo de su reluciente complice. El joven pistolero, solo contaba con su arrogancia propia de la inexperiencia entrelazada al insoportable temor a punto de hacerse materia. La insolencia dinamica, y la pausa experimentada. Y un final a punto de dispararse.

Se miraron, el joven sonrio, al tiempo que el legendario oponente se desvanecia sobre su inoperancia y del cañon del joven pistolero aun soplaba una leve humareda. El joven volvio a sonreir, esta vez envuelto en un nerviosismo diferente. Sabia que habia disparado antes.

Se dio vuelta temeroso y vio el espectro de la parca. Nadie habia quedado alli. Solo el, un viejo cadaver que ya no pataleaba, y la parca.

Atolondrado salio corriendo, y se subio a su caballo, y cabalgo a toda prisa.

Cabalgando hasta el siguiente pueblo, miraba freneticamente hacia atras para asegurarse de que estaba a salvo de la majestuosa aparicion. No la vio mas, y se sintio a salvo. Entro al pueblo con el cansancio de su caballo a cuestas, y la garganta reseca. Tentado por la luminosa invitacion de un viejo bar, decidio entrar alli. Dejo su corcel atado junto a un enorme reservorio de agua, y se adentro en el bar en busca de algo para su sed.

Al entrar, los lugareños percibieron indiferentes su presencia, y aunque nadie alli dijo nada, la palidez se adueño de sus rostros. El piso de madera rechinaba de dolor a cada paso.

Se sento en la barra y pidio un trago. Y al sentirse cercanamente observado, giro su cabeza lentamente.

"Pense que no llegarias y estaba por marcharme..." dijo secamente la parca.

El dilema termino."



Se-Si-Bon, dirimiendo debates internos.

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