lunes, 19 de abril de 2010

Decidir madurar

Finalmente y despues de algunas horas de caminar en silencio, decidieron sin decirlo que seria bueno sentarse a descansar bajo un viejo arbol a escasos metros del rio que les servia de guia.
A su alrededor solo se extendia la soledad y la sabiduria de la naturaleza. A contramano de los primeros dias, aquello ya no les parecia una fuente inagotable de sabiduria y reencuentro. Hermosos horizontes coronados por un verde espeso, en contraste con un cielo que se ponia cada vez mas gris. De no haber sido por sus apuros, habrian visto en ese contexto una bella pintura. " tenemos que encontrar un lugar donde dormir pronto, antes de que se largue la tormenta...", le dijo El, en un tono que parecio mas bien de compromiso que de preocupacion. Ella asintio con la mirada, y relajo sus ojos en la oscuridad de sus parpados.
Las provisiones se habian acabado, y solo llevaban en sus mochilas algo de ropa, algunos elementos de supervivencia, y unas lonas para improvisar un techo. La aventura que comenzo con los mejores augurios, poco a poco se iba tornando cada vez mas salvaje, y aquello comenzaba a tener eco en su forma de tratarse y en los recursos de que se valian para poder alimentarse. Habian decidido dejar atras la cotidianeidad, escapar de la selva de cemento y del culto al horario, para darle aire a las emociones mas puras que habitaban en sus sueños. Querian sacarle el grillete a la ilusion y sentirse liberados; pero haberlo hecho de arrebato poco a poco iba manifestando su precio. Los pies que se sintieron ligeros los primeros dias, hoy gritaban a cada paso el desconsuelo de la eleccion.
Al cabo de unos minutos se miraron y esbozaron tibiamente una sonrisa, mientras el viento empezaba a enfurecerse. Ya no recordaban cuantos dias llevaban asi, ni tampoco encontraban motivos para no tomarse de la mano. Solo habia que aceptarse otra vez. Fue alli cuando ella se puso de pie y miro detenidamente a su alrededor. Camino unos metros y observo el arbol que los espiaba. Volvio literalmente sobre sus paso, se replanteo lo que hasta entonces le imponia bancarse la pelusa. La dulzura derramada a sus pies era de un rojo carmesi con algunos destellos amarillentos. Su emocion se hizo sonrisa. Desparramadas en una armonia inclaudicable, montones de manzanas se escondian sin disimulo bajo sus narices. Como es posible que no las hayan visto antes? Cuantas otras cosas se les habran pasado por alto por no saber disfrutarse en silencio?. Volvieron a mirarse, y bajo la lluvia saciaron sus deseos, y empezaron a entender la sabiduria de la naturaleza. Comprendieron porque la fruta solo cae cuando esta madura, y que de nada sirve tomarla por la fuerza.

1 comentario:

Ninia dijo...

Me gusta lo que escribis.