domingo, 18 de abril de 2010

En la sala de espera

Cada tanto miraba de reojo su reloj, ese que tanto le gustaba porque segun sus principios un reloj podia decir mucho sobre aquel que lo llevaba. Era de buena marca, era sobrio pero jamas pasaba desapercibido, y por sobre todas las cosas varias veces denotaba su buen gusto. Escuchaba, mientras leia viejos chimentos en una revista un tanto maltratada, las largas y aparentemente entretenidas charlas de la recepcionista. Ella era a primera vista, un ejemplar exuberante de la condicion femenina. De rasgos finos y hablar pausado, se brindaba a cada persona que en ella recaia de una manera que no dejaba margen para el capricho. Uno podia llegar con una urgencia impostergable, casi sin tiempo y a duras penas, pero inevitablemente el tono dulzon de sus palabras empalagaba cualquier apuro.
Mientras seguia pasando revista, comenzo a impacientarse no solo con el paso del tiempo sino con las reiteradas expresiones socarronas de la mujer en cuestion. Habia algo que lograba irritarlo por demas. Mientras tanto, del otro lado de la puerta nada se oia, lo que desconcertaba aun mas al impaciente paciente. El doctor, quien supuestamente lo atenderia en unos cuantos minutos, no mas de media hora segun recordaba, llevaba ya 2 horas y media encerrado en su pulcro escondite, alli donde uno no tenia mas remedio que someterse a su voluntad. Quien sera el que esta adentro? penso resignado, antes de levantarse una vez mas para interrumpir la alegre conversacion de la recepcionista. "Va a tardar mucho mas el doctor?". "Enseguidita termina, seguramente".
Volvio a sentarse, para pararse inmediatamente cuando detras suyo escucho una puerta que se abria. Grande fue su sorpresa al ver salir de alli adentro a una mujer que creyo conocer, pero sin poder ubicar realmente su ruborizado rostro. Apurada, apenas se despidio del medico, y con una señal saludo a la mujer de recepcion. Sus tacos ruidosos se perdieron en las escaleras de marmol blanco y frio, en forma de caracol, pero un sabroso perfume dejo su impronta en la sala. De repente la impaciencia del paciente, se transformo en una energia que solo lo impulso a postergar aquel dolor impostergable. Tambien se perdio por aquellas escalereas pero de el solo quedo su fastidio.


Se-Si-Bon

No hay comentarios: