domingo, 18 de abril de 2010

El niño perdido

Le dolian los pomulos, la planta de los pies, los tobillos, y hasta le dolian los mismos dolores.
Enojado se acerco hasta el Señor y le dijo: “he venido aquí a decirte lo que pienso de ti y de tus arrogantes manifestaciones…”. El Señor, sentado sobre su majestuoso e imponente sillon, solo atino a cambiar su postura e inclinarse levemente hacia adelante, en un gesto de interes por las atrevidas palabras del niño. Acomodo su gran baston para reposar alli sus manos, mientras un gesto condescendiente en su mirada invitaba al niño a continuar con su monologo.
El niño, evidentemente atormentado hizo gala de su autoestima y de su valor para enfrentarse a lo desconocido. Sin reparar en encontrar las mejores palabras, sin esperar arrepentirse por la posibilidad de equivocarse, sin pretender nada mas que transmitir su desconsuelo, el niño valiente atestiguo con lagrimas y razones todos los reproches con que cargaba en sus bolsillos.Hablo, hablo sin parar y sin dudar. Y tambien grito. Hasta que sus mejillas enrojecidas le dieron paso a la calma, al desahogo, y a la tranquilidad de haberlo dicho todo. Y espero atento una respuesta que lo deje tranquilo en medio de su despecho.
Al cabo de unos instantes, el Señor se puso de pie. Parado alli arriba en su remanso, a la sombra de sus placeres y deseos, lucia mucho mas imponente de lo que el niño habia imaginado. El Señor acomodo sus ropas, tomo con fuerza su baston y, en un brusco movimiento que hasta parecio preceder a una amenaza, señalo al niño para darle su respuesta. “Haz tenido el valor de venir a verme, haz tenido el valor de decirme lo que piensas y hasta haz tenido el valor de cuestionarme aquello que de mi voluntad depende. Haz tenido el bendito placer de pararte frente a mi para juzgarme…”. Por un instante el niño parecio querer escabullirse, mientras un temor se apoderaba de el. El Señor hizo una pausa antes de decirle unas ultimas palabras. Acaricio suavemente sus cabellos y, agachandose hasta donde estaba el niño, le dijo: “No haz hecho mas que hablarme con toda la razon. Y ante eso solo puedo decirte que aquello que sucedió es lo unico que pudo haber sucedido”.
Confundido, y casi decepcionado, el niño pregunto: “es que acaso no vas a darle ninguna respuesta a mis lamentos?”. A lo que el Señor respondio “…si quieres una respuesta, ahora ten el valor de escucharme en tu corazon…”

Se-Si-Bon , buscando un nuevo amanecer.

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